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Surf

  Por Pilar González y Sara Pancorbo
        El mes pasado os animábamos a practicar vela y para este número vamos a proponeros que os adentréis, si no lo habéis hecho aún, en uno de los deportes más típicos de nuestra costa: el surf.

        Las características geográficas de nuestra región, así como las peculiaridades del mar Cantábrico, favorecen que parte de nuestras playas sean frecuentadas por los amantes de este deporte. Consideramos que el surf puede ser la alternativa definitiva para disfrutar del verano.

        Parece ser que es imposible fijar la fecha exacta de la primera vez en la que un hombre se deslizó parado sobre una ola. No se tiene conocimiento sobre la existencia de tales registros... sin embargo, existen dos teorías principales sobre los comienzos del surf.

        Por un lado, las culturas de la Micronesia y demás Islas del Pacifico sur (Maoríes, Fiji, Tonga,...) tuvieron desde su origen una vida y cultura íntimamente ligada al mar. A través de leyendas locales transmitidas oralmente y relatos de expediciones occidentales en el siglo XVII, se tienen algunos testimonios sobre la existencia de una actividad consistente en “deslizarse sobre olas”. Lo hacían en canoas y en sus barcas pesqueras.

        La otra hipótesis apunta al norte de Perú, donde las culturas locales dejaron trazos que muestran a hombres remontando olas. Los Huacos son cerámicos Pre-Incaicos y en uno de ellos se muestra aparentemente a un hombre sobre un madero o algo similar en actitud de deslizarse sobre una ola. Esto indicaría que todo comenzó en América del Sur...

        Pero fueron los polinesios en sus constantes travesías entre islas los que, algunos siglos más tarde, llevarían la costumbre de deslizarse sobre olas hasta lugares como Hawaii. Años más tarde, la Segunda Guerra Mundial se encargaría de popularizar este deporte extendiéndolo, a través de los soldados norteamericanos, por todo el mundo.

        A finales de los 60 y principios de los 70 se inició una verdadera revolución en el surf, motivada gracias a la mejora de los materiales, el peso, la longitud y las formas de la tabla, haciéndose más cortas. Fue el inicio del surf tal y como lo conocemos ahora. Su auge fue tal que con el paso de los años la gente comenzó a deslizarse sobre pavimento (skateboarding).

        Hoy en día millones de surfers sueñan con playas y olas como las del temible Tehuapo, la larguísima Uluwatu o la mítica izquierda de Pipeline, entre otras. Claro que, sin irnos tan lejos, en nuestra costa cántabra se ‘pillan olas’ a lo largo de todo el año.

        Somo, Liencres, Santoña, Suances,… Santander... son algunos de los lugares ya reconocidos entre los surfistas.

        Para los que todavía no se han animado, existen varias escuelas de surf a lo largo de la provincia donde se puede alquilar el material y donde se pueden recibir instrucciones para comenzar a practicarlo. Los jóvenes pueden animarse incluso a apuntarse a los ‘Surf–Camp’, cada vez más comunes. Son verdaderos campamentos que tienen como centro la práctica de este deporte.

        El surf fascina, el surf atrae, apasiona. Tal es así, que en la actualidad existen variantes de este deporte como el Bodysurf (coger las olas sin ayuda de tabla, deslizando el propio cuerpo como una embarcación), el Boggiesurf (surfear de rodillas sobre la tabla) y el Bodyboard (surfear tumbado con una tabla corta y chata).

        De hecho, este deporte ha despertado tanto interés y ha logrado tantos adeptos, que ha servido de inspiración para otras técnicas, y así han nacido prácticas como el Windsurf, el Kayaksurf y el kitesurf.

        La dificultad de este deporte radica tanto en la velocidad, como en el tamaño y la forma de las olas. Las olas adecuadas para ser navegadas al estilo del surf son aquellas que evolucionan y rompen desarrollando la pared (parte de la ola sobre la cual el surfista navega).

        Tubo, hueco, “reentry”, “snap”, “longboard”…, son algunos de los términos utilizados entre los profesionales, que pronto pueden ser familiares para los que hoy animen a practicarlo por primera vez.

        El surf ha creado toda una cultura que gira a su alrededor, desde el saludo (con los dedos meñique y pulgar estirados), hasta literatura, mapas de costas, infinidad de revistas, música (desde los míticos Dick Dale hasta el punk surf The Offspring) y diversos estilos de ropa.

        Algo muy especial se ha ido transmitiendo entre los practicantes, sintiendo en su interior como el surf es algo más que un deporte, mezclándose sensaciones interiores y naturaleza, soledad y gentío, fuerzas internas y fuerzas universales. Estos surfistas del siglo XXI sienten en su interior, como los primeros polinesios, una auténtica forma de vida cuando en el mar despuntan las olas.

Lectores, ¡a surfear!
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