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Parapente

  Por Pilar González y Sara Pancorbo
        Esta maravillosa poesía describe perfectamente las sensaciones que muchos de nosotros tenemos. Queremos volar, queremos experimentar esa ligereza, esa libertad, expulsar adrenalina… Pero como sabemos, los seres humanos no podemos volar por nosotros mismos, aunque afortunadamente podemos vivir esas emociones de una manera cercana. ¿Cómo? Practicando parapente. Sí, parapente, ese deporte que se realiza con una especie de vela enorme, que casi todos habremos visto alguna vez sobrevolar nuestras cabezas o sobre el mar, montañas, pueblos, etc. y que muchos de nosotros hemos mirado con envidia, pensando en lo que alguien estaría disfrutando y en cómo se verá el mundo desde ahí arriba.

        A todo el que comparta con nosotras estas sensaciones, y también a quienes no lo hagan, les invitamos a que continúen leyendo este artículo porque van a encontrar sorpresas agradables, ya que, aquí, en Cantabria, podemos disfrutar de esta actividad en numerosas zonas, y siempre que la naturaleza esté implicada, merecerá la pena.

        Como siempre, nos remontaremos a los orígenes de este deporte para conocerlo mejor. El parapente nació a partir del deseo de los montañeros de bajar las cimas que habían ascendido de una manera rápida, volando.

        El parapente consiste en, con la ayuda de dispositivos técnicos, conseguir despegar, volar y aterrizar por medios propios. Los utensilios necesarios son la llamada vela, un arnés en el que el piloto se sienta, los mosquetones que unen la vela con el arnés, un casco y un paracaídas de emergencia; también se puede utilizar un GPS y un equipo de radio.

        El parapente se basa en las corrientes térmicas, que para que todos nos entendamos, se puede decir que el viento (dirección, velocidad, etc.) es una de las claves para practicar este deporte, ya que si todos los factores son positivos, el vuelo se realizará satisfactoriamente, pero si no están a favor, la actividad o bien puede ser peligrosa o bien no se puede realizar. Por ello los deportistas profesionales y los monitores de empresas de turismo activo siempre hacen comprobaciones y siempre están bien informados sobre la meteorología del día en el que se quiere volar. Por ejemplo, en la comarca de Liébana cuando hay el llamado “viento sur” no se puede practicar parapente.

        Especial mención merece la tela de parapente o vela, ya que tiene unos requisitos exigentes, como el de ser ligera y capaz de soportar grandes pesos; además no debe escaparse el aire, pues es la presión que ejerce lo que mantiene el parapente inflado, y lo que genera que el piloto pueda mantenerse en el aire. Esta tela tiene su origen en el paracaídas, pero actualmente no se considera lo mismo, puesto que la evolución de ambos ha seguido caminos diferentes.

        El parapente es una variante más ancha y más aerodinámica que el paracaídas, lo que le permite despegar de una ladera, volar y remontarse en el aire. Por ejemplo, está comprobado que un piloto experto puede desplazarse más de 200 km. sin tocar el suelo, en pocas horas.

        Aprovechamos esta ocasión para conocer también los orígenes del paracaidismo que, aunque no se considera el mismo deporte, comparte con el parapente su historia inicial. En Córdoba se halla el primer intento de salto en paracaídas (año 852), que no tuvo mucho éxito. Después, Leonardo da Vincci ideó lo que luego supondría el verdadero paracaídas práctico, que fue inventado por un francés en 1783. A partir de este acontecimiento, muchos otros han contribuido a la mejora y al perfeccionamiento de esta práctica, llegando a utilizarse en la I y en la II Guerra Mundial, primero como método de seguridad para pilotos y pasajeros, y después como medio de ataque aéreo. Ya en los 70, el paracaidismo se convirtió en una actividad muy popular.
Realizarlo en nuestra región
        En Cantabria podemos realizar este tipo de deporte con muchas empresas de turismo activo. Para quienes no tenemos experiencia se pone a nuestra disposición la categoría biplaza, que consiste en saltar con un monitor profesional y titulado, así nosotros simplemente nos tenemos que dejar llevar, eso si, siguiendo todas las indicaciones a la hora de despegar y de aterrizar. Además, para quienes verdaderamente estén interesados en aprender y llegar a volar solos de forma habitual, muchas de estas empresas ofrecen unos cursos de aprendizaje de varias horas teóricas y prácticas, tanto para niveles de iniciación como para perfeccionar la técnica.

        Todas estas empresas tienen pilotos titulados y profesionales, y nosotros los usuarios debemos cerciorarnos de que así sea, puesto que se trata de una actividad con ciertos riesgos, y debemos ponernos en manos serias y de confianza.

        Hay muchas zonas en nuestra región donde se puede practicar y contratar esta actividad. Por ejemplo en la costa occidental podemos dirigirnos hacia Laredo, Noja, Santoña, la zona de la playa de Langre, Somo o Peña Cabarga. En Santander este deporte se practica en la playa de Mataleñas. Hacia la costa oriental lo encontraremos en Liencres, la playa de Usgo, la de los Caballos, los Locos en Suances o la playa de Guerra.

        Para quienes prefieran sobrevolar montañas, prados o pueblos de montaña, iremos hacia la Sierra del Escudo en Cabuérniga, a Potes, en la Viorna o San Glorio, desde el mirador de La Cueva de los Franceses, en Ibio o el Monte Candiano.

        Aconsejamos que os informéis sobre esta actividad con los profesionales de las empresas, y que les preguntéis las dudas que tengáis acerca de este deporte y sus riesgos.

        La duración de los vuelos varía en función del destino escogido, la altura desde la que se despega, la velocidad y dirección de viento, etc. pero por ejemplo, en Liébana el vuelo desde la Viorna tiene una duración aproximada de 15 minutos y desde San Glorio la duración podría llegar hasta los 20 minutos.

        También debemos comentar que la contratación de esta actividad tiene un precio más elevado que otras actividades ofertadas por las empresas de turismo activo, pero pensad que poder “volar” y experimentar estas sensaciones no se paga con dinero.

        ¡Os deseamos un feliz vuelo!
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