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Editorial de Septiembre del 2006
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Por Luis Wallias
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Parece una incongruencia lo absurdo que puede ser el devenir del tiempo que vivimos. Inmersos aún en los últimos pero fuertes y severos coletazos del majestuoso verano cántabro, tenemos cuerpo y alma volcada en el otoño que nos amenaza a vuelta de hoja de calendario. Parece como si más allá de la comprensión temporal habitual del año, estructurado en doce meses, la inmensa mayoría nos rijamos por el curso político, académico o futbolístico. Sin duda subyace la sensación de comienzo de una nueva temporada, entrega o parte en la que no queda más remedio que superarse para alcanzar nuevas metas y expectativas. Este sin duda es también el objetivo primordial de GastroCantabria, para que usted disfrute y sacie todas las necesidades de curiosidad planteadas a golpe de parpadeo sobre estas líneas.
En una nueva ocasión nos presentamos ante usted con cierta humildad, acompañada de leves toques insolentes compuestos por el descaro de saber que hemos trabajado duro para tratar de cumplir con sus expectativas. Así ponemos nuevamente a disposición de todos los lectores las secciones habituales de la revista, las cuales estamos seguros que despertarán su interés.
A ello añadimos dos matices, uno eminentemente turístico y otro más cultural. A finales del presente mes, para ser exactos del 21 al 24 de septiembre, se celebrará en la pejina Villa de Laredo, la conmemoración del Desembarco de Carlos V. Un espectáculo cargado de significado y cultura que nos trasladará al siglo XVI en un escenario inmejorable. Esta evocación pondrá prácticamente punto y final, o mejor dicho, la guinda a un verano festivo e inolvidable.
Por otro lado, dirigiremos nuestra mirada hacia un edificio enclavado en la Calle Alta de Santander. Aquel que desde hace casi un siglo parece como si se hubiera esfumado entre la nube de humo producida por la antigua Tabacalera. Casi por arte de magia logra pasar desapercibido ante la atenta mirada del turista y lo que aún es más grave, ante los ojos del propio montañés. Pero les prometemos que se encuentra ahí. El inmueble transparente o antiguo Hospital de San Rafael, hoy sede del Parlamento de Cantabria.
Dos serán también las paradas que dan sentido y forma a esta publicación, las preferidas para nuestro paladar. Una de ellas cerquita de Santander, en Soto de la Marina, en la "Sidrería la Cuchara". Local alegre y amable, perfecto para disfrutar de los amigos delante de alguna buena ración. Con un espacio amplio y generoso de carta típica, perfectamente orientada al picoteo. Plato sabroso, en ocasiones exquisito, pero siempre agradable, para disfrutar en un ambiente distendido y alegre.
Sin complicarnos mucho y siguiendo la mejor técnica de marketing empresarial, el boca a oído, nos quedamos en la "Hostería de Adarzo". Signo de atención, servicio y amabilidad en una antigua casa a mitad de camino entre lo rústico y la más actual de las vanguardias. De plato delicioso con el que pueden ser capaces de sorprender por su exquisitez. Un local que te deja estupefacto, prácticamente sin palabras ante la primavera que amanece en la boca del comensal. Sin obviar la generosidad de su estupenda ración.
En resumen, un lujo para sus retinas y varias recomendaciones para su paladar que no debe dejar escapar antes de que finalice esta época del año en la que coletean incesantes fiestas tan significativas como las de Santoña, Potes, Ampuero…conjugadas a la perfección con la festividad, el día 15 en Marrón, de la Virgen Bien Aparecida, Patrona de Cantabria.
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