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Editorial de Noviembre del 2007

  Por Luis Wallias
        Con la llegada del mes de noviembre el frío se hace más patente en nuestros rostros, que no corazones. Más aun con una climatología adversa y típica montañesa, que en cierto modo desmonta la teoría apocalíptica del inventor del medio ambiente y premio Príncipe de Asturias, Al Gore. Sin duda una de esas épocas en la cual la mejor opción pasa por recogerse en un lugar calentito y dejar transcurrir tanto el día como la noche a cobijo. Pero nada más lejos de la realidad, dado que las opciones culturales de Cantabria se multiplican hasta el infinito, en esta época, permitiendo disfrutar en mayor medida de sus dilatados atractivos.

        Opciones culturales múltiples, como las que recogemos en las páginas de GastroCantabria. Así en esta ocasión, aprovechando la nueva exposición itinerante que bajo el auspicio de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria y la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC), recorrerán los 102 ayuntamientos de la Comunidad Autónoma bajo el título: 'El Lábaru Cantabrum: Un ejemplo de simbología para Cantabria', desvelando el origen histórico de la bandera oficial de Cantabria y otros símbolos. Por ello, proponemos una mirada divulgativa, alejada de todo posicionamiento político, hacia uno de los símbolos cántabros por excelencia: El 'lábaru'. Un pedazo de tela, que aspira a la oficialidad como bandera de Cantabria y que hunde sus raíces dos mil años atrás, conformándose como la representación moderna del estandarte militar cuya denominación era la de 'Cantabrvm'.

        Del mismo modo se emprenderá, página a página, un viaje hacia el siglo XII. El objetivo del mismo se resume en visitar un antiguo convento que terminó transformándose en colegiata, localizado en pleno corazón de la Comarca del Pisueña, exactamente la colegiata de Santa Cruz de Castañeda, en la localidad de Socobio. Inmueble propiedad del Obispado de Santander, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), y que acepta visitas en muchas épocas del año. Sin duda estamos ante un edificio singular que se define por ser uno de los mejores exponentes del románico en Cantabria.

        Por supuesto, no se dejan a un lado las habituales críticas gastronómicas. Así visitaremos en Guarnizo (El Astillero) el 'Restaurante Casa La Oliva'. Un local decorado con muy buen gusto, que se caracteriza por una imponente carta de picoteo, la amabilidad y la cortesía. La carta está confeccionada, moderna y agradablemente, con productos de la Comunidad Autónoma y toques maestros del cocinero. Todo ello da lugar a un plato muy bien presentado, de sabor inigualable, exquisito y bien estructurado. En resumen, un restaurante donde comer se convierte en un auténtico placer.

        Y de El Astillero hasta la capital de Cantabria, exactamente a ese nudo de comunicaciones conocido como Cuatro Caminos, para visitar el 'Restaurante la Cecilia'. Una casona del siglo XIX decorada con muy buen gusto y trasformada en un magnifico refectorio con carta típica de picoteo salpicada por platos más modernos. A la disposición del comensal se encuentra un plato muy sabroso y bien elaborado, gracias a una cocina sabrosa y con ciertos toques de espectacularidad. Sin duda, un establecimiento donde, sobre todo, el visitante comerá bastante bien.

        Como de costumbre, nuestros exponentes son claros: gastronomía, cultura, arte, medicina, cine, etc., ante la atenta mirada de un lector ávido de nuevas propuestas al cual provocamos a perderse entre las páginas de este nuevo ejemplar de GastroCantabria, que puede gustarle más o menos, pero seguro que no le deja indiferente. ¿Qué se apuesta?
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