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| Editorial de Diciembre del 2007 |
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Por Luis Wallias
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En esta ocasión, y arriesgándome al terrible tirón de orejas que me aguarda por parte de la redacción, quiero dejar a un lado, aparcadito momentáneamente, el estilo habitual que proyectan estas editoriales, para sumergirme con total libertad en aquello que deseo comunicar. En mi defensa sólo puedo argumentar que la cuestión merece y mucho la pena, pues este mes, aun sintiéndonos todavía un tanto infantes, estamos de enhorabuena debido a la cerebración de nuestro segundo aniversario. Una onomástica de la que ustedes al igual que nuestros patrocinadores, sin lugar a dudas, son plenamente responsables.
Dos años fielmente a su lado, nada más y nada menos ¡Cómo pasa el tiempo! Noviazgo excepcional que el devenir de los días va trasformando en maridaje. Y es que hace exactamente 24 meses vio la luz, tembloroso por la incertidumbre de quien descubre un nuevo e inhóspito mundo, el primer ejemplar de GastroCantabria. Cuántos sueños, ilusiones y emociones se reflejaban aquel frío día de diciembre, volcadas magistralmente, tanto en los artículos como en las fotografías albergadas entre sus páginas.
Sin duda, una apuesta arriesgada tomaba forma. Un proyecto ilusionante que, con el único respaldo económico, arriesgado y pseudosuicida de Match Publicidad S.L., al igual que el apoyo institucional tanto del Ayuntamiento de Santander como de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte del Gobierno de Cantabria, dependía únicamente del incansable esfuerzo, motivación y afán de superación de un puñado de jóvenes profesionales que formaron una primera e inédita redacción para nada inexperta y bregada en mil batallas. Magnífico elenco humano que ha ido creciendo con el paso del tiempo y del que han salido grandes profesionales, que así lo atestiguan en sus respectivos puestos de trabajo, orgullo y bandera de esta publicación.
Pero el proyecto precisaba de la acogida por parte de los lectores y futuros patrocinadores, excelente desde el primer momento. Una cuestión que se proyectaba como línea vital pendiente de un hilo, la cual debería ser juzgada objetiva, recta y sabiamente por el público de los seis mil ejemplares que inundaron múltiples puntos, tanto de la geografía cántabra como de otras regiones. Y el resultado fue mejor de lo esperado, gentileza de la mejor estrategia de marketing existente, el boca a boca de aquellos que nos leían.
Por todo ello, una vez más, nos enorgullece hasta límites insospechados presentarles nuestro trabajo, especialmente en una ocasión tan significativa como la que nos ocupa. El fin perseguido es muy sencillo, poner a su disposición un medio de entretenimiento con toques de conocimiento, capaz de hacerle descubrir y disfrutar de una tierra infinita que llena de belleza, singularidad y posibilidades nos une a todos bajo el sentimiento común del amor a Cantabria.
Desde el uno de diciembre de 2005 hasta hoy el sueño no se ha volatilizado. Nuestro pequeño retoño sigue creciendo a base de la ilusión, esfuerzo y una dedicación que continua intacta, la cual tratamos mes a mes de reflejar en las páginas de cada uno de nuestros ejemplares, albergando el sueño de agradar y aportar una pizca de cultura a cada lector que tiene la oportunidad de abducir su mirada en el interior de la revista. Por todo ello, y sin cansarnos de repetirlo, un millón de gracias, porque sin ustedes jamás hubiera sido posible.
Y para terminar, como no, queremos por parte de todo el equipo que hace posible que GastroCantabria llegue puntualmente hasta sus manos, desearle una muy Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo 2008, en el cual podamos seguir compartiendo nuevos sueños, logros y mil maravillosas emociones, siempre a su lado.
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