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| Restaurante La Yerbita |
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Por José Domingo
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Hay tres tipos de personas en el mundo:
los que no se enteran de lo que pasa, los que se enteran de las cosas, a veces llegan a tiempo y otras pierden el tren, y luego están las personas que hacen que las cosas sucedan. En este grupo están los que no se conforman y buscan siempre algo más, ya sea para ganar más dinero, para ayudar a otras personas o simplemente para tener más tiempo y podérselo dedicar a sus seres queridos. Y este mes voy a hablar
de una pareja que se corresponde con esta última descripción.
Buscaban un cambio de aires, no se puede trabajar de la mañana a la noche, porque se pierde la noción de quiénes son amigos y quiénes clientes.
Se está más con la gente que entra
en la cafetería que con la familia y un día uno se da cuenta que no puede seguir así y decide hacer algo para cambiarlo. Monta otro negocio, sin abandonar la hostelería, pero yendo un poco más allá.
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Tarta de chocolate
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Así nace el local que visitamos hoy y que ha sido recientemente inaugurado,
La Yerbita, en Sobarzo. Y la pareja emprendedora son Alberto y Marián, que han restaurado totalmente el luRestaurantegar en el que ahora se enclava su negocio
y lo han decorado con mucho gusto. Compuesto por 22 mesas en dos plantas,
en la de abajo encontramos una pequeña barra, una tienda (en la que se pueden adquirir productos de gran calidad) y al fondo un comedor con una chimenea que da calor a toda la casa. En la planta superior se halla el resto del comedor.
Las mesas están vestidas con mantel
amarillo y cubre blanco, vajilla blanca,
una buena cristalería y una buena cubertería. Es un local que busca los detalles y, como dice Alberto, todavía están empezando y puede faltar alguno,
pero todo tiene arreglo. Ellos suplen
lo que pueda faltar con su alegría y amabilidad, incluso solventarán la ausencia del plato del pan, seguro que algún día se animan a ponerlo.
Con unas cartas de diseño bonito, donde elegir varias cosas para picoteo, presentan una gama de productos apetecible,
con buenas carnes. Somos dos para cenar y pedimos todo para picar. Tengo que hacer un apunte sobre la carta
de vinos y es que está muy bien elegida,
con altos apuntes de calidad y con diferentes denominaciones de origen. Es un gran detalle para picar, tomar raciones
o platos y acompañarlos de los grandes
caldos que da nuestro país, pero la pueden abaratar un poco. Aun así está bastante asequible y muy equilibrada.
Nos decantamos por un Enrique Mendoza
Petit Verdot de la D. O. Alicante.
Comenzamos la cena con pulpo sobre
crema de patata natural y pimentón de la Vera. Una buena ración, generosa,
con un pulpo muy bien guisado y dispuesto sobre patatas. El pimentón también estaba muy sabroso y, por supuesto,
el aceite, igualmente muy rico. Comenzamos con muy bien pie.
Seguimos con pastel de pimientos del piquillo y anchoas del Cantábrico. Un plato caliente que acompañan con unas melvas para untar. He de decir que pocos locales tienen unas melvas como éstas. El pastel era muy apetitoso y estaba
bien hecho. Al principio teníamos dudas sobre si las anchoas absorbería demasiado sabor, pero para nada, estaba
muy bien.
Continuamos con queso provolone con tostas. Este queso italiano viene calentito, sobre una salsa de tomate casero que conjunta excepcionalmente.
Para empezar a untar, beber vino y no parar. Delicioso, todo un acierto.
Y para terminar mil hojas de foie con espárragos trigueros a la sal. Los espárragos
vienen como guarnición, con sal maldon sobre ellos. Muy sabrosos y nada ‘pellejones’. El mil hojas está formado por varias capas de mi-cuit y entre ellas hay bacón, que estaba en su punto, sabroso y combinando muy bien con el foie. Un plato imaginativo que dará, seguramente, buenos resultados.
Cómo no, vamos a tomar postre, la gula nos puede y nos engaña. Creo que tendremos que empezar a practicar
delante del espejo para decir que no queremos nada de postre. Algún día lo conseguiremos. Pedimos pudín
de coco y tarta de chocolate, dos postres que estaban sabrosos. Su misterio está en conseguir que estén así de ricos. El pudín estaba tal cual lo conocemos. Y la tarta era la típica, con su bizcocho y crema de chocolate por dentro y por fuera.
El tinto de bodegas Enrique Mendoza,
tiene una crianza de 14 meses en barrica de roble francés, con un color rojo picota y destellos violáceos. En nariz apreciamos frutas del bosque (moras) y fuertes recuerdos a sotobosque y humo. Es potente en boca, carnoso, con taninos
nobles que harán que viva bastante tiempo en botella. Un gran vino. Estaba algo caliente, están a la espera de una cava de vinos, pero lo arreglaron muy rápidamente
con un poco de agua fresca en una champanera, en pocos minutos estaba a la temperatura correcta.
Las raciones son más que generosas
y estuvimos estupendamente.
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