Hay que salir, moverse, cambiar. Somos
de gustos fijos y nos cuesta salir a conocer
otros lugares, no porque no nos
apetezca, sino porque solemos hacer
mucho caso al refrán de más vale lo viejo
conocido, que lo bueno por conocer.
Reconozco que yo soy de ésos, cuando
me gusta un sitio, vuelvo una y otra vez
y seguro que al dueño del local le gusta,
pero también a veces pensará si no
tengo otro sitio donde ir, pues ya no
debe saber qué ofrecerme, de hecho es
probable que me conozca la carta mejor
que él, pero yo seguiré yendo pues hay
sitios que hacen que me sienta a gusto.
Sin embargo, como de vez en cuando sí
me gusta probar otros sitios, recurrí a la
guía del Club de Calidad de Restaurantes
de Cantabria, y me fui a Pomaluengo,
a visitar “La Venta de Castañeda”.
Como apunte de un gran principio, diré
que nos trataron con mucha amabilidad
a la hora de tomar la reserva. Fuimos
dos personas para comer y muy amablemente,
con un trato familiar pero muy
profesional, nos acompañaron a nuestra
mesa, nos trajeron las cartas y nos
ofrecieron un aperitivo, detalle que se
agradece y te hace sentir muy a gusto.
Es una casona con varios comedores,
a pie de carretera. Pon suerte para todos,
no cayeron en el pecado de considerarse
un restaurante de paso y luchan
por la fidelización de los clientes. En el
comedor que nos encontramos las mesas
están vestidas con faldón amarillo
y cubre y servilleta azules, tienen una
carta de diseño en consonancia con la
casona, clásica con apuntes modernos,
con su cocido y su sopa, pero también
pescados y carnes de los llamados de
temporada y modernos. Como siempre
hacemos, nos dejamos aconsejar y pedimos
dos platos de picoteo y de segundo,
una carne y un pescado. Tienen una
buena carta de vinos y nos decantamos
por uno del Bierzo, Tilenus Cza. Como
apunte de muy alta calidad, tienen una
carta de aguas con varios tipos y de diferentes
países, algo que pocos establecimientos
de nuestra región tienen y que
implica que a Santiago le gusta hacer
cosas para sorprender a su clientela en
el camino de la, siempre complicada,
calidad en la atención. El próximo paso
quizá podría ser abaratar un poco la carta
de vinos, pero claro, es nuestra lucha
en casi todos los locales, poco a poco
se conseguirá.
Nos sirven de aperitivo una cucharita con queso y jamón. El jamón va envolviendo,
dentro de un palillo de pan, una rodaja de tomate,
y sobre la cucharilla, un queso similar
al de la torta de la serena, en cuanto a textura
y sabor, un agradable comienzo.
Comenzamos con ensalada de ventresca
de bonito, anchoas y cebolla confitada,
una ración más que generosa,
buen bonito, y la cebolla agradable, quizás
la anchoa algo salada, pero no desmerecía
mucho con el resto del plato.
CLe seguimos con milhojas de berenjena
y bacalao, acompañada de una
salsa de pimientos estilo vizcaína, dos
buenas láminas de berenjena rebozada
y dentro de ellas el bacalao guisado.
Exquisito, muy bueno, una pena que la
salsa estuviera fría, no así el milhojas.
Seguro que alguien se despistó, algo
estoy convencido no suele pasar.
Como pescado tomamos sapito a la
plancha, un sapito de ración, espectacular,
sabrosísimo, en un punto inmejorable,
con un refrito digno de saborear.
Un pescado para repetir otro día, les
recomiendo que lo vayan a probar.
Y como carne pedimos filetes de avestruz
con crema de castañas. Muy ricas,
sabrosas, sin lugar a dudas, la cocina
tiene un gran punto en los platos. La crema
conjuntaba muy bien y llevaba unos
pimientos de piquillo para dar color al
plato. Desde nuestro punto de vista quizá
estaba mejor sin ellos, pero no quita
para que el plato estuviera muy rico.
De postre pedimos crema cántabra
caramelizada y capricho Santa Cruz de
chocolate, los dos más que ricos. La
crema en su punto, cremosa, exquisita
y el capricho, sabrosísimo, con un bizcocho
muy jugoso y una crema difícil de
mejorar, todo ello bañado con chocolate.
Repetiremos otro día y volveremos a
pedirlo pues está de vicio.
El tinto de bodegas Estefanía estuvo
a la altura de lo esperado, con esa mencía
que tan buenos resultados está dando.
Este Tilenus es potente, con un precioso
rojo oscuro y reflejos ocre. Es muy
fino en nariz con mucha fruta y aromas
de madera y algo de humo. En boca es
untuoso, armonioso y muy equilibrado,
un buen vino sin lugar a dudas. Y además
servido a la temperatura exacta, y
con un gran protocolo por parte de Fernando
que comparte camino y destino
con su padre Santiago hacia el logro de
hacerte sentir mucho más que a gusto y
conseguir que volvamos otro día.
Tomamos un café sabroso y en su
punto, con una vajilla y cubertería que
denotan, una vez más, la preocupación
de esta familia por los detalles.
En conjunto estuvimos muy a gusto y
la factura ascendió a 88.09€, muy pero
que muy bien.

Capricho Santa Cruz
Crema catalana
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Aperitivo
Milhojas de berenjena
Ensalada de Ventresca
Sapito a la plancha
Filetes de Avestruz
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