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| Restaurante El limonar de Soano. Aquel que un día fue Bodegas Castilla |
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Por José Domingo
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Es difícil ponerse ante un papel en blanco y contar una experiencia o un momento, plasmar un sentimiento. Pero hoy les puedo decir, que las palabras surgen solas ante la experiencia vivida en una noche que sentíamos para nosotros, para disfrutar, pero también para trabajar, trabajar para ustedes, para GASTRO CANTABRIA, para contarles las delicias de un restaurante. Aquel que un día fue Bodegas Castilla, las de la calle Rubio. Hoy transformado, cambiado, animado, y creado por Luis Antonio Rivas, al que llamó El Limonar de Soano.
Entramos directamente al comedor, no hay lugar de espera, pues tienen una barra, pero se encuentra en mitad del local. Rápida y muy amablemente nos indican nuestra mesa, con la misma celeridad nos traen las cartas, y nos indican los platos que hay fuera de la misma.
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Estamos en un comedor en la que se aprecia la fusión de la decoración clásica con la contemporánea. Cuenta con 19 mesas, sin vestir, sobre ellas, un salvamanteles de plástico y sin plato de pan, nos pareció poco acertado, y algo incómodo. Pero como siempre en decoración, es donde surge esa famosa frase en la que, para gustos se hicieron los colores.
La carta, con notas de la creatividad de la cocina, está bien escogida, se hace difícil la elección, y optamos por dejarnos aconsejar por Nelly para tomar, como tantas veces hacemos, dos entrantes para compartir y dos segundos, uno de carne y otro de pescado. Haremos mención a la carta de vinos, pues está muy bien estructurada y original, marcando en muchos vinos un margen no excesivo para esos vinos de autor. Y optamos por un tinto de Navarra Inurrieta 2003 de bodegas del mismo nombre.
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Sin nada de espera, nos sirven el primer picoteo; Terrina de liebre con foie, trufa y vinagreta de frutos secos. Lleva shiitakes y espinacas. Va sobre puré de patata, apetitoso y la salsa de trufa genial, combinado de maravilla, un plato que se hace poco, no por escaso sino por sabroso. Para disfrutar.
Seguimos con lasagna de cigalitas y hongos, jugo de trufas y aceite de albahaca, y al igual que el anterior, ya dividido en dos platos, genial, cada vez son más los restaurantes que sirven así los picoteos y creo que es algo que gusta mucho. Del plato decir que estaba exquisito, muy rico, y creo que lo que mejor le define es que era tal cual su nombre indica, sin esconder nada y trasladando al plato lo que el nombre dice, perfecto.

El plato de carne era Carré de cordero, presale y cuscús de trufa blanca, dos buenos trozos de carne totalmente deshuesado, con la piel doradita, crujiente, muy sabroso, un cóctel de setas, puesto de otra forma, muy apetecible, con un jugo de española en perfecta sintonía, agradable aroma que le confiere la trufa, genial, me quedo sin adjetivos para no hacerme repetitivo de lo bien que lo estábamos pasando.
El pescado fue lomo de lubina sobre pil-pil de calabacín y espárragos, el pil-pil de lo mejor que he probado, suave, meloso, perfecto, la pena de este plato es que no era lomo sino más bien de la zona del cogote, y la lubina, un poco corta de sabor, iba a la plancha y puesta sobre la salsa, con lo que la conjunción del plato se pierde un poco, me atrevo a decir que escoja otro pescado y otra forma de prepararlo con ese maravilloso pil-pil, pues lo he tenido en la mente durante mucho tiempo.

Nos traen la carta de postre, y me encuentro con el mismo problema, pediría todos, y como a veces solemos decir los clientes de los restaurantes, habría que venir un día a tomar sólo los dulces, como no queda más remedio elegimos dos: crepe de manzana y helado de nuez; y el otro pastel de arroz con leche, natillas al anís y helado de ciruela.
El primero va caramelizado, el crepe relleno de crema pastelera, muy apetitoso y el helado, cremoso, parecía recién levantado, sin nada de hielo, vayan y pídanlo pues es muy recomendable. El pastel va con una galleta que recuerda a las lenguas de gato, muy bonita presentación y el helado está en el mismo punto que el otro postre, conjuntando perfectamente, sin lugar a dudas tendremos que dejar hueco la próxima vez para probar más postres.
El vino tenía un color cereza muy cubierto, con destellos morados, apreciándose en nariz algo de humo y frutos rojos. En boca se comporta meloso, con cuerpo, y bien de taninos, pica algo de alcohol, un vino sin mucho misterio, pero sí hay que decir, que estaba muy bien de temperatura, un detalle más de esta casa.
Con los cafés unos detalles de crujiente chocolate, magdalena y cocada, muy ricos, un punto que muchos restaurantes tenían que tener en cuenta para terminar las comidas.
La factura para dos personas ascendió a 83,50 euros, bien, lo justo.
Disfrutamos, y lo pasamos bien, el servicio perfecto en su sitio, a tiempo para todo, amable y simpático ayudando a que la velada fuera perfecta y divertida.
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CARACTERÍSTICAS
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CAPACIDAD Restaurante (CARTA) : 60
CAPACIDAD SNACK-BAR (MENÚ) : -
NÚMERO DE MESAS : 19
CAPACIDAD SALONES PRIVADOS : NO
PRECIO MEDIO CARTA : 33 €
PRECIO MENÚ DEL DÍA : 14 €
MENÚ DEGUSTACIÓN : -
ABIERTO TODOS EL AÑO
CERRADO LOS DOMINGOS TODO EL DÍA
DIRECCIÓN : C/ Rubio, 4 Tlfo:942 37 43 06 Santander (Cantabria)
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