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Restaurante "La pirula"
Picoteo con ambiente rústico
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Ascapsa
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Una tarde de verano, caminando por el Paseo de Pereda, dentro de sus maravillosos jardines, sentados en un banco tomando
un helado. Así es como nos encontrábamos el pasado julio dos parejas de Santander. Mirando a los niños jugar, disfrutando,
haciendo sus pequeñas perrerías, sin maldad. Esas bromas a otros amigos y montando una pequeña pirula entre ellos. Y así,
sin querer, es como se nos ocurrió seguir paseando, ir a picar a La Pirula y contarles a todos ustedes la experiencia de aquella
noche.
Un local que mantiene en la entrada el suelo adoquinado, con una gran barra a la derecha y mesas a la izquierda, y al fondo
a la derecha otro comedor con unas 6 mesas.
Es una típica bodega, con ambiente rústico, remodelando la antigua tienda-bar que existía en el local. Con la carta de
picoteo y con el añadido de unos cuantos vinos bastante curiosos. Y además con la cocina a la vista, un detalle que nos gusta
mucho.
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Las mesas están vestidas con mantel y servilleta de papel, y presentan el detalle del convoy ya puesto en la mesa, algo que
ya está totalmente en desuso. A propósito, ya podrían poner un aceite y vinagre de mejor calidad, pues los que llevaban dejan
mucho que desear. Y claro está, sin plato del pan.
Somos 4 y pedimos varios picoteos y un segundo plato para cada uno. Para beber un tinto Pagos del Vicario 50-50.
Comenzamos con setas a la plancha. Una ración generosa de setas, en un punto estupendo de elaboración, y sobre ellas
unos piquillos salteados que venían muy bien, un buen entrante.
Seguimos con rulo de queso de cabra con mermelada de tomate. Un plato ya típico de picoteo en muchas tabernas y locales
de nuestra región, que estaba muy apetitoso, calentito y acompañado de un pequeño cóctel de lechugas que, la verdad, sobraba.
Pero el queso estaba muy bien preparado.
Y para terminar el picoteo, almejas a la marinera. Una muy buena ración de unas almejas de tamaño justo para tomarlas
con esta salsa verde que era digna de mención, tuvimos que pedir más pan pues no nos cansábamos de hacer los famosos
barquitos en esa salsa tan rica.
El segundo plato fue solomillo a la
plancha. Un buen centro de solomillo
con sus patatas y pimientos de guarnición.
Estaba perfectamente hecho,
rico y sabroso, como tiene que ser el
solomillo.
Nos trajeron también machote al
horno con patata panadera para dos.
Una buena pieza de un pescado que
estaba guisado, quizá, para nosotros
algo de más, pero no quita para que
tuviera un buen sabor, y con una patata
panadera espectacular. Todo un acierto
haberlo pedido.
Y dejo para el final lo que nos pareció
el mejor plato de la velada, una rueda
de bonito con la cebolla pochada.
Inmejorable. Con el grosor justo de la
rueda, para que estuviera con un punto
dorado por arriba y sonrosadito por
dentro… Tardaremos mucho en olvidar
este bonito.
En la parte de los postres la variedad
deja un poco que desear. Pedimos un
helado Häagen-Dazs de dulce de leche,
que estaba muy bueno, y para compartir,
queso fresco con membrillo. La
verdad es que el queso no deberían haberlo
puesto, pues de fresco tenía muy
poco. Un mal detalle que esperamos no
volverá a suceder a buen seguro.
El Tinto de bodegas Pago del vicario
estaba bien de temperatura, con un intenso
picota, en nariz es muy floral con
notas balsámicas, y algo de café. En
boca notamos fruta madura, está bien
ensamblado. Es un vino moderno y una
bodega que a buen seguro será muy conocida
por todos en poco tiempo.
Cenamos bien y nos divertimos, que
al final, es a lo que se va. Salvo por varios
apuntes, como la actuación de la
camarera que nos sirvió el vino, que
poco le faltó para meterlo entre las piernas y tirar hacia arriba del corcho.
La verdad es que el servicio no estuvo
muy a la altura. No entiendo que en el
cambio de platos que nos hicieron durante
el picoteo no nos cambiaran también
los cubiertos, y a la hora de marcar
los segundos de la mesa no usaran la
correspondiente muletilla, los traen en
la mano como si estuvieran en casa.
Que la cocina esté a la vista ya he dicho
que es un buen detalle, pero el problema
viene cuando las ayudantes del cocinero
se olvidan de que todo el mundo
las está mirando y se ponen a beber el
agua a morro, creo que en el local tienen
vasos de sobra y de muchos tamaños
para que no realicen ese gesto que
queda fatal ante los clientes.
La factura para los cuatro ascendió
a 146,40 €, lo correcto, pues tomamos
dos botellas de vino y un café que estaba
sólo pasable.
Un local que para picar y tomar al
mediodía un buen menú está muy bien,
seguro les gusta, nosotros repetiremos.
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Setas
Rulo
Almejas
Solomillo
Machote
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