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| Resturante La Cecilia |
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Por José Domingo
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La imaginación, qué importante es. Ver una casona del siglo XIX, casi abandonada, una
persona que la mira y ve un negocio, inventa una decoración y hace posible crear un
espacio en el que disfrutar y dar cabida al esparcimiento de las personas. Todo estolo
podremos encontrar al lado del Hospital de Valdecilla, en Cuatro Caminos. Hablamos
del restaurante La Cecilia.
Un amplio local que está decorado con muy buen gusto, usando diversos materiales:
ladrillo cara vista, vidrio y hierro oxidado. Un conjunto que ensambla perfectamente.
Con una gran barra a la derecha y varias mesas de diferentes tamaños a la izquierda,
entramos en local y amablemente nos acompañan a nuestro sitio.
Las mesas son de madera, con un mantel individual de plástico y con una vajilla y
cubertería con ya demasiados usos. No vendría mal cambiarlos. La cristalería también
es bastante regular y, por supuesto, para qué pensar en el plato del pan ¿verdad? Nos
traen un cesto con los panecillos y unos paquetes de colines. Es un local amplio pero
echamos de menos la zona de fumadores. No habremos mirado bien quizá.
Tiene una carta típica de picoteo, con diferentes tipos de raciones y un apunte al
principio con platos, digamos, algo más modernos. Somos dos para comer y pedimos
todo para picar. Para beber nos decantamos por un cava Barroco Brut Nature de Freixenet.
La carta de vinos deja mucho que desear y eso que tienen una nota que dice que
han elegido para los clientes una buena selección de caldos, algo que para nada es
cierto. Pero en fin, todo tiene arreglo.
Comenzamos con carpaccio de solomillo
de buey, con aceite de limón, virutas
de parmesano y sal maldón. Llevaba
una guarnición de lechuga, sin sabor,
que para nosotros no pintaba nada,
aunque es nuestro gusto, nada más. El
aliño estaba muy sabroso, el carpaccio
bien cortado y, en conjunto, el plato estaba
muy bien elaborado.
Seguimos con ensalada flor de mar:
patata asada, lechuga, pulpo, bacalao,
gambas, vinagreta y aceite de perejil.
Estaba muy apetitosa y bien presentada,
sobre una cama de patata cocida y, en
un aro, presentado el resto de la ensalada,
con un vinagre y un aceite muy ricos,
dando un sabor muy bueno a todos los
ingredientes de la ensalada.
Continuamos con muslitos de pollo
con patatucas y salsa ali-oli. Es un plato
tal cual: ocho muslitos doraditos, bien
fritos, con abundante patata frita, sabrosa
y un ali-oli espectacular. Se quedó corto, no por poco, si no por lo bueno que
estaba.
Terminamos con delicias de solomillo a
la Cecilia (tiras de solomillo con corona de
foie sobre una cama de setas reducidas
en vinagre balsámico, con salsa de vino
de madeira y nueces). No es nada del otro
mundo, el foie algo escaso y de calidad
muy justa y la carne demasiado hecha. La
verdad, no es un plato muy agradable.
El cava de bodegas Freixenet posee
un amarillo limón con una burbuja fina,
elegante y un pequeño toque a brioche.
Acompañó muy bien a toda la comida y
ayudó en la sobremesa. Un gran cava a un
precio muy bueno.
Hoy conseguimos darle esquinazo a la
gula y no pedimos postre, aparte de que
la carta no era muy sugerente, no podíamos
más. Pedimos café y chupito. No entiendo
la costumbre de traer la leche del
café servida, al igual que el chupito, también
servido. ¿Qué costará traer la botella
para que el cliente vea la marca? O la
leche para poner la que el cliente quiere
exactamente.
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Carpaccio de solomillo
Ensalada flor de mar
Muslitos de pollo
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Hoy comimos bastante bien pero el
servicio fue muy malo, con mucha prepotencia,
parecían estar haciendo un favor
y, por supuesto, para qué sonreír. Mejor
no seguir contando más.
La factura para los dos ascendió a
73,75 euros. Creo que para casi 40 euros
el cubierto, los medios no fueron los adecuados.
Pero siempre es nuestro punto
de vista, un momento puntual, seguro lo
saben hacer mucho mejor.
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