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| Restaurante Cañadio |
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Por José Domingo
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Esfuerzo, sudor, lucha, no decaer, no deprimirse y levantarse. Decía Confuncio
que el mayor logro del hombre no es evitar caerse, sino levantarse siempre que se caiga. Cuánto cuesta lograr que un restaurante sea reconocido. Cuánto sudor en el camino, y lo que es mejor, después de esa lucha hay que seguir con las pilas puestas, para no decaer, para no dormirte y que te coman la tajada.
Si no que se lo pregunten a Paco y Teresa, responsables del Restaurante Cañadío, al que hemos tenido la fortuna
de acudir para poder contarles a todos
ustedes esta experiencia, que fue muy agradable.
Desde el primer momento, que empieza
con una llamada telefónica para hacer la reserva, el trato es muy amable y agradable. Llegamos al restaurante y tras pasar la barra nos acompañan a nuestra mesa. Me encanta el detalle de la cocina vista para el público, habíamos
estado en varias ocasiones más, pero se nota la obra recientemente realizada
en el establecimiento, un detalle más de persistencia en evolucionar y no quedarse estancado.
Estamos en un comedor con capacidad
para unas 60 personas, dividido en varios apartados, que nos da una sensación cosmopolita. Las mesas están
vestidas con mantel y cubre blanco,
una buena vajilla del mismo color y cristalería acorde con el local, muy buena copa para el vino y el ya típico vaso para el agua de estos establecimientos.
Nos traen la carta, agradable el diseño
y el contenido muy apetecible, con platos que denotan los contactos con grandes cocineros que tiene Paco, platos hechos con los nombres de éstos,
como el de C´Sento en Valencia. Y una carta de vinos donde se nota la buena mano de Teresa, bien escogida. Como apunte que llevamos comentando
en varios números de la revista, decir
que siempre se puede abaratar un poco.
Somos dos para comer y elegimos dos picoteos y un segundo plato para cada uno. Para beber, haremos honor a un amigo viticultor y enólogo, nuestro querido Marcial, y solicitamos un Dorado
de Bodegas Quinta do Feital.
Nos sirven de aperitivo gazpacho de fresas, crema de queso y de mejillones, y nachos. Muy rico el gazpacho, con un vinagre de módena muy agradable y la sensación de las fresas soberbia. Los nachos y las cremas exquisitas.
Empezamos a picar menestra de verduras salteadas con jamón sobre pisto. Llevaba brécol, pimiento verde en tempura, patata panadera, habitas baby, coliflor, jamón en taquitos, judías,
guisantes y zanahoria. Toda una gran menestra en su punto y con una salsa española exquisita.
Seguimos con cachón en su tinta con arroz cremoso tipo risoto. Un cachón
muy tierno y sabroso, y el arroz tal cual su nombre indica. Una ración muy generosa de la que dimos muy buena cuenta.
Uno de los platos fuertes fue Cap i Pota con morro y patata con huevo frito. Es un guiso meloso, con una conjunción
de sabores apetitosa, perfecta,
lleva algo de comino, con las patatas
muy bien fritas y, sobre todo ello, un huevo. Sabroso y para repetir.
El otro plato fue vieira en tempura, va acompañada de una espuma de cítricos,
muy original y sabrosa, con un cóctel de lechugas. La vieira de buen tamaño, muy bien cocinada y de sabor extraordinario.
Nos traen la carta de postres, se nos van los ojos detrás de todos ellos, pero, aunque no se lo crean, esta vez sí que no podemos más y pasamos directamente
a pedir el café. Al respecto, decir que la carta tiene un buen detalle
y es el apunte de cafés e infusiones, muy sugerente.
Pedimos te del puerto, al que acompañaron
con un detalle dulce muy rico, una pena que el té no estuviera en su punto de frescura y su sabor ya no fue tan agradable como debería ser.
El blanco estuvo a la altura de la comida y en su punto de temperatura, con un amarillo limón con bordes dorados
haciendo honor a su nombre. Ya hemos hablado de este vino en el primer
número de nuestra revista, y sigue estando excepcional.
La factura para los dos ascendió a 93€, en la media de nuestros establecimientos.
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Gazpacho de fresas
Menestra de verduras
Cachón en su tinta
Cap i pota con morro
Vieira en tempura
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Sólo dos apuntes, el espacio es algo muy caro y obliga a aprovecharlo todo lo posible, sé que es una casa que nunca ocupa el establecimiento a tope y es de agradecer, pero al final no hay espacio para el trabajo de camareros, con sólo un gueridón para las dos camareras
que servían en el rango en el que nos encontrábamos, con lo cual, al final el servicio se resiente. Y a la hora de ir al baño, los productos de acogida
son los correctos, pero a una hora determinada de la noche, los retiran, pues es la hora de copas y no piensan en los posibles clientes que quedan cenando. Este es nuestro punto de vista, pero creo que pueden mejorarlo para hacer nuestra estancia aún mejor,
y seguir en esa lucha y ese tesón que estos dos grandes profesionales y su equipo realizan día a día.
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