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Restaurante La Atalaya

  Por José Domingo

        Mi padre siempre me dijo que nunca debes olvidar de donde procedes, tus comienzos, ni tus primeros pasos en el camino profesional de la vida. Recordar quién te ayudó, y sobre todo, ayudar al que algún día estuvo contigo, eso no se debe olvidar jamás, en particular a aquellos que te enseñaron. De todo el mundo se aprende, ya sea para hacer bien las cosas o para aprender cómo no hacerlas. Y hoy hemos tenido el placer de encontrar una pareja que vuelve a Santander, a hacer muchas cosas, con grandes ideas y una de ellas es crear el restaurante La Atalaya en Pontejos.

        Les dejo a ustedes que investiguen por qué se llama así, es una historia que merece la pena ser conocida. Ellos llaman a su local restaurante/bistró y me gusta, pues bistró, hoy día, se refiere a un local en el que se elabora una cocina con alimentos frescos y considerados como sanos, algo de lo que sin duda pudimos dar cuenta mi compañero y yo un día que tuvimos el acierto de ir por allí para contarles nuestra experiencia.

        Desde el momento que reservamos mesa hasta que nos sentamos, es una sensación de que se sienten encantados con que estés en su casa, con sonrisa franca, atentos y amables, eso que tantas veces hemos pedido, que te sirvan con amabilidad e intentando hacer tu estancia muy agradable.
        Tienen una carta con platos de siempre de Santander y con platos nuevos, con ese toque que debe dar el cocinero. Somos dos para comer y como casi siempre, pedimos dos picoteos y un segundo plato. Para beber un Anzil de Toro. En los vinos es donde están algo cortos, llevan muy poco tiempo abiertos y seguro que ampliarán la oferta, y esperemos también la abaraten algo, pues los tienen algo cara.

        Es una casa de nueva construcción. Subiendo unas pequeñas escaleras accedemos a una estancia con una barra donde te ofrecen tomar algo o pasar directamente a la mesa. Está decorado con muy buen gusto, todo en general, hasta los soportes de las lámparas, y unos grandes ventanales para dar una luz natural al local que es una maravilla. Tienen 8 mesas, de varios tamaños, pero con bastante espacio entre ellas y con la medida que se debe de dar a cada comensal. Están vestidas con faldón marrón chocolate, y el cubre y las servilletas blancos. Con un bonito detalle floral natural.

        Nos ofrecen varios tipos de pan, calentitos, y en la mesa está puesta una mantequilla muy sabrosa. Empezamos con un aperitivo crema de calabacín con tartar de salmón y pepino, la crema templadita muy rica y el tartar exquisito, para empezar muy bien. Acto seguido nos traen otro pequeño aperitivo, una flor de tomate en pasta filo, el tomate está confitado muy apetitoso.

        Comenzamos con revuelto de matanza, con jijas, morcilla, patatas paja y jamón. Extraordinario, hasta el olor, algo muy bueno, sin lugar a dudas tienen que probarlo.

        Luego nos sirven hojaldre de morcilla con puré de manzana. Lleva un cristal de pimenta exquisito, con un toque picante que le viene muy bien, y dentro del hojaldre la morcilla de arroz, que está buenísima. Sobre el puré nos quedamos sin adjetivos con los que poder decirles lo rico que está sin resultar excesivamente repetitivos. Todo un acierto.

        Uno de los platos principales fue bonito en piperada, 3 buenos lomos de bonito con una piperada que hacía mucho tiempo no probaba tan rica, digna de mención, y el pescado en un punto perfecto de elaboración.

        El otro plato fue capón de corral a la campurriana. Ellos quieren que mientras comas recuerdes tiempos pasados, con recetas de las de antes, música de hace alguna que otra década, y platos como éste en el que los aromas te hacen volver al pueblo, donde guisaban esos capones tan ricos. Es masticar y recordar. Lo han conseguido, tienen que probarlo, (y aunque a mi compañero Juan Carlos no le guste que diga esto) está de vicio y es difícil hacerlo mejor.

        Y pedimos postre, ¡cómo no lo vamos a hacer! Texturas de chocolate y unas torijas Atalaya con espuma de mistela. El primero son varios tipos de chocolate, brownnie, helado de chocolate negro, helado de chocolate con leche, crema de chocolate blanco, teja de chocolate y arroz inflado. Riquísimo, por supuesto que para el que le guste el chocolate, es un postre que no debe dejar de probar. Las torijas no estaban muy sabrosas, demasiado alcohólicas y la espuma nada del otro mundo, no nos hizo mucha gracia.

        El Tinto Anzil de bodegas Anzil, perteneciente al grupo hijos de Antonio Barceló, tiene un color cereza, limpio, en nariz se aprecian aromas a frutos negros, regaliz, en boca tiene buena densidad, algo aterciopelado, un buen vino, algo desconocido pero que sorprende.

        Tomamos el café y el orujo, el primero estaba demasiado aguado y sin cuerpo y el orujo muy alcohólico, no vimos la marca, pero no nos gustó. La factura ascendió a 96 ., muy bien. Seguro que volveremos. Y si la cocina estuvo a buena altura, la sala marcó la diferencia y nos hizo recordar cómo se deben de hacer las cosas para estar como en casa. Un restaurante que en breve espacio de tiempo será de obligada visita para todos, sobre todo aquel que quiera tener una sala como su cliente se merece.

Crema de calabacin

Revuelto de matanza

Bonito

Capón

Hohaldre

        




Restaurante La Atalaya
CAPACIDAD Restaurante: 40 PAX
Número de mesas: 8
Salones privados: Próximamente
Precio medio carta: 40 €
Precio menú degustación: 38 €
Cierre de vacaciones CONSULTAR
Cierre diario invierno: Domingo, Lunes,
  Martes y Miércoles noche.
Cierre verano: Lunes


Dirección
Avenida Pedrosa, 52
39618 Pontejos (Cantabria)
Tlf: 942 503 906
Web: www.laatayalarestaurante.com


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