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| Restaurante Río Asón |
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Por José Domingo
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La vida es algo maravilloso pero también tiene sus partes malas, muchos de ustedes habrán oído esa comparación con los ríos. La que dice que la vida es como un río, con sus remansos y sus turbulencias, con sus pozos y sus meandros, en los que descansar de la corriente que te empuja hacia el final del camino, hacia la desembocadura. Hoy elegimos un río para ustedes, un río al que también la vida ha golpeado, pero que ha sabido levantarse, ése tan famoso que lleva muchísimos años siendo el camino a seguir en nuestra provincia. Nos referimos al "Río Asón", en Ramales de la Victoria. Perteneciente al Club de Calidad de Restaurantes de Cantabria, es el más antiguo poseedor de la tan ansiada estrella Michelín. Hacia allí nos dirigimos una mañana, dispuestos a pasar otro día más por ese maravilloso valle de Soba.
Entramos al restaurante y después de pasar una pequeña salita llegamos al comedor, tenemos que esperar un rato hasta que alguien se dé cuenta de nuestra presencia, y nos indican nuestra mesa.
Con una decoración clásica, vajilla Villeroy y cristalería fina, tiene forma de "L" con aproximadamente 19 mesas, vestidas con mantel ocre y cubre de color vainilla.
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Amablemente nos traen la carta, en la que nos sorprende que haya apuntes a bolígrafo, creo que hoy en día con los ordenadores y las diferentes formas de hacer las cartas no debería darse este mal detalle. No ocurre así con la carta de vinos, con un bonito diseño y una calidad en cuanto a contenido muy importante, explicando las diferentes denominaciones de origen, nos gustó mucho.
Somos tres personas y pedimos, como casi siempre, tres picoteos y un segundo plato cada uno. Para acompañarlos un tinto Allende 01 de Rioja.
Nos traen varios tipos de pan, una pena que no estuvieran calentitos aunque sí estaban bien hechos. Comenzamos con un aperitivo: gamba de Huelva con salsa de cacahuete, una gambita por persona en tempura sobre la salsa, rico para empezar con buen sabor.
Nos sirven variación de anchoas, marinadas y ahumadas, crema agria y polvo de naranja. Un plato novedoso y exquisito donde empezamos a notar la creatividad de la cocina, con una crema de yogur fantástica, un poco de queso sobre cebolla pochada, tomate y pimiento, con unos filetes de bocartes en su punto perfecto y bien hermosos, muy buen plato
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Continuamos con huevo Imanol sobre salmón ahumado y salsa de oporto caramelizada, habíamos oído hablar de este plato pero nos sorprendió muy gratamente, con una salsa espectacular, combinando genial con el salmón ahumado y el huevo, una pena que saliese roto, pero no desmereció al placer que nos produjo el paladearlo.

Y terminamos el picoteo con salsa fresca con bogavante, tal cual, ya saben lo que nos gusta comer lo que nos dicen, sin esconder nada. El bogavante estaba en un buen punto de cocción y una gelé exquisita, un buen hacer de María Antonia, que ha cogido muy bien el relevo de Enrique Galarreta.
Como plato principal fueron dos pescados y una carne, siendo esta última solomillo con hígado de pato al jugo de trufa. Como base puré de patata, un jugo de española y trufa muy rica, y sobre ello un corazón de solomillo y dos generosos trozos de foie. Bien, rico, en su punto.
Uno de los pescados fue mero de Cabo Mayor al horno con crujiente de verduras y vinagreta al jugo de carne. Espectacular, qué pescado más sabroso, qué punto de cocción. Sobre ello, una tempura de verduras que, la verdad, no estaba a la altura del resto, pero la vinagreta era de sobresaliente.

El otro pescado fue rape de Santoña, trufado con anchoas, pasta de chipirón y salsa de centollo. Cuatro buenos trozos de rape, con la justa guarnición, y una salsa para no parar de hacer barquitos con el pan.
Está claro que hoy sí que no podíamos dejar pasar el postre, pues de todos es sabida la fama de este establecimiento en los mismos. Pedimos dos para compartir, el mítico cisne del parque relleno de praliné con salsa de kiwi, que tenía una presentación espectacular, haciendo un parque con chocolate y fresas con nata y el culís de kiwi, muy rico. Es el típico plato del que la gente comenta que da pena comérselo por lo bonito que es y encima está muy sabroso. El otro postre fue pastel de chocolate caliente, galleta crujiente, mango y su sorbete. Ese chocolate que sale del crujiente calentito está genial, la guarnición combina muy bien y el sorbete, perfecto, ni gota de hielo. Todo un acierto para terminar una buena comida.
El vino de Bodegas Finca Allende estuvo bien, lo conocemos de otras ocasiones y fue lo esperado, con un rojo teja muy cubierto, quizá se queda algo corto en nariz. Con notas de humo, en boca es cremoso con unos taninos bien suavizados. Una pena que estuviera excesivamente caliente, la verdad que la sala no estuvo muy a la altura, el servicio fue correcto pero los detalles no estuvieron en consonancia. No sonrieron ni una vez, parecían enfadados, la verdad es que el local estaba lleno, pero el cliente no tiene nunca la culpa. El detalle del vino caliente no se puede dar en este establecimiento y cuando nos trajeron el azucarero no estaba todo lo bien repasado que debiera.
La factura con café, que no era nada del otro mundo, ascendió a 217,42 euros, un poco excesivo para el conjunto global del establecimiento. No sé por qué no se cuida dar café con una calidad suficiente y que salga en su punto. En definitiva, un buen local, con una cocina excepcional y raciones muy generosas, pero con una sala que seguro puede hacerlo mucho mejor.
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CARACTERÍSTICAS
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CAPACIDAD Restaurante (CARTA) : 80
NÚMERO DE MESAS : 20
CAPACIDAD SALONES PRIVADOS : 30 y 200
PRECIO MEDIO CARTA : 60 €
PRECIO DEGUSTACIÓN : 15 €
CERRADO DOMINGO Y LUNES NOCHE, EXCEPTO EN VERANO QUE CIERRA LUNES
CERRADO POR VACACIONES DEL 23 DE DICIEMBRE AL 1 DE ENERO
DIRECCIÓN : Barón Astaneta, 17 CP: 39800 Ramales de Victoria Tlfo:942 64 61 57 email:rioason@terra.es
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