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El café como metáfora

  Por Alberto Vidal
        Cuando nos disponemos a degustar una rica tacita de buen café ni siquiera llegamos a imaginar hasta qué punto esa mágica infusión es una metáfora de nuestro mundo, de nuestras vidas. Nos explicamos. La taza puede contener un café de un solo origen o una combinación de diversos cafés de distintos orígenes (un blend) mezclados en proporciones cuidadosamente estudiadas.

        Pongámonos en el primer caso. Podemos disfrutar de momentos extremadamente placenteros con un café 100 % Colombiano "Medellín Excelso", cultivado en la Cordillera Central a 1.400 metros de altitud sobre el nivel del mar. Un café de cuerpo tenue, acidez marcada, aromas y sabores a pan tostado, hierba recién cortada, con retrogusto largo y agradable.

        También resultarán especiales los minutos que dediquemos a disfrutar de esa taza si contiene un café de Guatemala, de zonas productivas tan reconocidas como Antigua o Atitlán, cultivado en ricas tierras volcánicas a 1.500 metros de altitud. De cuerpo medio, acidez notable y fragancia que nos recuerda a flores de aromas frescos, con toques de frutos secos y mucha permanencia en boca.

        Si el cafecito de nuestra taza fuese de Kenia notaríamos de inmediato la llamada de la sabana africana, de las tierras altas de África Oriental donde se cultiva el maravilloso Kenia A.A. junto al Lago Victoria o en las faldas del Monte Kenia, casi en la imaginaria línea del ecuador. Café que enseña sus entrañas con orgullo: acidez alta, como corresponde a su cultivo a 1600 metros de altitud, cuerpo destacado, sabores y aromas a hierbas verdes, flores y frutos que pueden ir de levísimos toques de jazmín a la carnosa zarzamora.

        Y podríamos seguir con cafés de Tanzania, Costa Rica, Perú, Bolivia, Ecuador, México, Java, Brasil,... todos ellos peculiares, con su propia personalidad. Pero puede ocurrir que en vez de un solo origen de café, nuestra tacita contenga una mezcla de varios de ellos. Por ejemplo, Colombia, Brasil, de varios tipos, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, y una pizquita de Uganda.

        ¿Qué ocurre entonces?

        Pues ocurre que los instrumentos maravillosos que antes sonaban solos para nuestro deleite (Colombia puede ser la guitarra, Guatemala la marimba, Kenia el oboe, Java el saxo, México la trompeta, Nicaragua el arpa, Costa Rica el violín, ... y así sucesivamente), deciden unirse y formar una gran orquesta.

        Como en la vida, como en el mundo que ya se anuncia, cada café mantiene su personalidad pero decide sumarse a un proyecto colectivo uniéndose con otros para componer entre todos una sinfonía de fraternidad estimulante y placentera.

        En Café Dromedario cuidamos cada "instrumento" y lo ofrecemos a quienes lo deseen pero también formamos "orquestas" de aromas y sabores en las que el equilibrio es la clave que conjuga el conjunto de virtudes de cada café.
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