En Cantabria actualmente no tenemos cultura de café, aunque se pueden degustar cafés realmente buenos. Culpa de ello la
tiene que hayamos tomado mayoritariamente una marca y nos hayamos acostumbrado a su sabor. Sin embargo, las cosas y las
costumbres cambian y cada día irrumpen en nuestra hostelería otro tipo de marcas. Como las que vienen desde Asturias (Areces,
Oquendo, Toscaf), Cataluña (Bou), Valencia (Granell), Palencia (Tarrero), País Vasco (Baque, El Abra, Fortaleza) Portugal (Delta), Italia
(Illy) o multinacionales como Saimaza, Marcilla y Bonka. Todas estas marcas compiten con las que se generan en Cantabria (Dromedario,
Calderón y Horno San José).
Todas estas marcas tienen buenos cafés y empiezan a enseñar a la gente cómo disfrutar de buenas tazas, cómo saber que están
pagando de más por un producto que no cuesta tanto o si algunas marcas no están haciendo las cosas como deberían ser. ¿Por qué?
dirán ustedes. Porque pagamos ese dinero y tenemos el derecho y el deber de exigir un buen café.
Un gran error que veo en algunas cafeterías y marcas es el famoso “100% Colombia”, un engaño, porque, por ejemplo, cuando
tomamos un vino de origen español, éste puede ser un Rioja o un Conquistador. Es decir, el origen del café no es una garantía de que
el producto sea bueno.
En próximos números analizaremos pormenorizadamente los diversos orígenes que podemos encontrar en el mercado, pero
mientras, les aconsejo que comiencen por probar café de Java, Costa Rica, Guatemala, Kenia o Etiopía. Para los más sibaritas,
recomendamos el Blue Mountain, una denominación de la que ya hablamos en el pasado número de junio y que está considerado
como el café más caro del mundo.
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